¿Por qué los dos de Emaús caminan al lado de Jesús sin reconocerle? ¿No habían estado tres años enteros con El, tiempo más que suficiente como para haberse quedado con su rostro grabado para siempre? Hay algo extraño en esto que tendrá que ver con las características de un cuerpo glorioso, de los cual no tenemos experiencia, pero también hay algo de lo que sí tenemos experiencia. La posibilidad de ignorar a Jesús, de considerarle muerto, parte del pasado. Somos capaces de eclipsar a Jesús, de opacarle, incluso hablando de El o en su Nombre. Somos capaces de ser cristianos sin Cristo.
No somos seguidores de una doctrina, de un mensaje, de un modelo, de una idea. Somos seguidores de una Persona que está viva. Todo comienza y todo pasa por reconocer esta Presencia. Todo los demás viene después. La vida espiritual se revitaliza a partir de un encuentro con Cristo vivo, no fruto de un esfuerzo ascético. Las parroquias reviven no por programas o planes pastorales, ni por iniciativas novedosas, sino cuando se rinden a Jesús. La Iglesia no se renueva cuando se «adapta» ni cuando se «ancla», sino cuando fija la mirada en El y le escucha.
Todo cambia cuando los discípulos caen en la cuenta de Quién es el que camina a su lado. «¿No ardía nuestro corazón…?
Página web desarrollada con el sistema de Ecclesiared